La familia de la leyenda depositará hoy sus cenizas en la ciudad que le vio nacer y Marina Lakic, capitana de la selección yugoslava medalla de plata en el Mundial del 89, participa en el homenaje al mítico entrenador en Kraljevo

 

Kraljevo, ciudad de reyes como reza su etimología, vio crecer al maestro Miki Vukovic, que junto al río Ibar y con la bella postal de las montañas Kotlenik y Stolovi comenzó a germinar ese amor por el baloncesto al que entregó su vida. Las cenizas de Miki descansan desde hoy en el cementerio de la ciudad, cumpliendo su último deseo. El maestro, que falleció en Valencia el pasado 15 de enero a los 76 años minutos antes de un partido de Euroliga que iba a enfrentar al conjunto taronja frente al Estrella Roja serbio (guiños del destino), completó su último viaje de la mano de su esposa Gordana, sus hijos Dejan e Igor y sus nietas Nina y Lula. Hasta Kraljevo, la ciudad donde tantas veces hizo ese trayecto de ida y vuelta desde que se cerró su etapa en los banquillos en el año 2000. Tanto quería Miki Vukovic al Pamesa que ya no quiso entrenar en ningún lugar más.

El salón principal del Ayuntamiento de la ciudad se vistió ayer de gala para rendir un sentido homenaje a uno de sus vecinos más ilustres. El alcalde, Predrag Terzic, hizo de maestro de ceremonias en un acto donde hablaron Dragan Savic, exjugador y árbitro FIBA e íntimo amigo de Vukovic, Mara Lakic, capitana de la selección yugoslava que ganó la plata en el Mundial de 1989 y del Jedinstvo Tuzla, y su hijo Dejan. «Para nosotros es un viaje muy emotivo porque pidió que sus cenizas se llevaran a la ciudad donde nació y creció. Siempre recalcó que él tenía tres ciudades, Kraljevo, Tuzla y Valencia», reconoció emocionado tras el homenaje en declaraciones a este periódico.

Durante el homenaje, que cubrió el aforo máximo del salón principal del consistorio con las limitaciones de la pandemia, se abrió un libro de honor para que los vecinos de Kraljevo expresen su cariño a Miki. Hoy será turno para su familia, su círculo cercano, que cumplirá esa última voluntad de que sus cenizas reposen en el corazón de la ciudad serbia. Ayer, se vivió la penúltima anécdota (con él siempre ha sido mejor emplear esa palabra y no poner última) con el maestro como protagonista. Tras el homenaje brindado por la ciudad de Kraljevo, la familia se fue a comer junto a las autoridades y personalidades del mundo del baloncesto presentes. La cuenta, como no, corrió a cargo de la familia Vukovic. Como siempre hizo Miki con la gente que quería. No se conoce la persona que le pagara un café al maestro que ya descansa para siempre, tras el cariño que recibió en Godella dos días después de su fallecimiento, en su querida Kraljevo.

J.C. Villena
lasprovincias.es