Mariam Coulibaly vuelve a las pistas con 15 puntos en poco más de 11 minutos la tarde en que el Spar Girona se hincha de confianza aplastando al colista del campeonato y flirteando con alcanzar su máxima puntuación en la élite

 

En el diccionario, la palabra competir debería ir acompañada de una fotografía de Roberto Íñiguez. El técnico del Spar Girona explica como nadie la definición de la palabra. No hay segundo lanzado a la basura para el vitoriano, que se toma su trabajo con la misma profesionalidad, con independencia de su rival, jugada, contexto o minuto que tenga por delante. Sin demasiado descanso y con la cabeza pendiente de mil asuntos a la vez, las gerundenses apalearon al Gran Canaria (103-66) y se mantienen firmes en su constante persecución no solo hacia la perfección, sino también al liderazgo de la Liga, en posesión del Casademont Zaragoza, que supo sufrir para imponerse. Solo las separa un triunfo.

Intenso como de costumbre, Íñiguez no dejó que su equipo saliera dormido contra el colista de la clasificación, que tuvo la inconsciencia de hacer la primera canasta del encuentro. El 0-2 fue la única ventaja en todo el partido de las canarias, que enseguida comprobaron cómo se las gastaba Bibby, hábil desde dentro y con puntería desde fuera. Sin embargo, los focos y la gran noticia se les llevó la pívot Mariam Coulibaly, que entró en el cinco inicial, hizo una canasta y se probó durante un poquito menos de tres minutos antes de irse a descansar provisionalmente. Se la necesitará, y mucho, en la Euroliga.

Porque es la máxima competición continental la que ocupa la mayor parte de los pensamientos de un entorno que desea que el Spar Girona esté en la Final Six. Ciertamente, el equipo lo merece, pero el deporte no entiende de hemerotecas: te exige que luzcas una y otra vez. Y eso tendrán que hacer, las gerundenses, volverlo a merecer. De ahí que Íñiguez incide en el hecho de ir siempre al máximo y explota la competitividad de una plantilla que acumula fatiga, viajes y estrés, pero que se implica tanto que todo ello no se nota y simula que todo funciona como la seda. A cuatro minutos para el final del primer cuarto, Pablo Melo, entrenador visitante, ya se vio obligado a pedir tiempo muerto. El electrónico señalaba un 17-8 y Bibby, MVP de la pasada Liga, llevaba 11 puntos con un exquisito 3 de 3 en triples.

 

En busca de un récord
El acierto ofensivo provocaría cerrar el periodo con un 30-18, con rotaciones y minutos para casi todo el mundo -menos Badosa y Ribas, que tendrían más tarde-, y un abucheo, ya habitual, del técnico hacia sus jugadoras, porque nunca le basta. Holm y Jocyte, a los que el duelo le fue bien para recuperar sensaciones, no disminuyeron la velocidad que había impreso Bibby, que cuando está así, mejor tenerla a tu lado y enfrentarte. La australiana es puro talento.

Volvería a jugar Coulibaly en el segundo cuarto, en el que el Gran Canaria reaccionaría provisionalmente (34-27), bajo la mano de Richardson y Merceron. El ex de la Penya incluso se atrevió desde el triple, ampliando su cuenta anotadora a los siete puntos y el minutaje personal también a los siete. Íñiguez le pedía cordura, pero acabaría con 15 en más de 11. Jocyte se sumó al soltarse desde la distancia y el pabellón la correspondió con una ovación cuando fue sustituida.

En el descanso, el 58-33 era incuestionable. Todo entraba y todo el mundo tenía un ojo metido a ver si el Spar Girona era capaz de superar el récord anotador en la Liga Femenina, de 109 puntos contra Quesos El Pastor en el 2021. A poco que no le rasga. Ahora, toca Euroliga. Que llegue el miércoles.

Jordi Bofill
foto: David Aparicio
diariodegirona.cat/G.T.