"Antes que jugadoras, somos personas. Si una mentalmente no está bien, es imposible que esté en pista”
"Siempre me han dicho que soy una persona que sonríe. Es mi arma, mi máscara. Si tengo un mal día intento sonreír"
Laia Lamana (Viladecans, 2002) es actualmente una de las bases del Joventut de Badalona. La catalana de 24 años se formó en el Femenino Sant Adrià, hasta dar el salto a la Liga Femenina 2 la temporada 2020/21. Su progresión la llevó al Celta, donde compitió en la Liga Challenge, y más tarde en el Paterna y en el Valencia, con quien debutó en la máxima categoría la temporada 2022/23. Las dos últimas temporadas ha defendido los colores del Ensino Lugo, y ésta, Lamana decidió volver a casa para asumir un nuevo reto. Hace dos semanas el club verdinegro destituyó a Jordi Vizcaíno y anunció que Miquel Calderón era el nuevo entrenador.
¿Fue importante para el equipo ganar el IDK Gipuzkoa hace una semana?
Muy importante. Estábamos sólo a una victoria del descenso y ahora estamos a dos. Además, con todo esto del cambio de entrenador, para nosotros tampoco era una situación fácil y queríamos sacarlo adelante lo mejor posible. A partir de ahí, queremos continuar en esta línea.
2026 con cambio de entrenador.
Las jugadoras no tomamos esa decisión y nos vino de nuevo. Hicimos una reunión, hablamos con Miqui (Miquel Calderón) e intentamos ponerle las cosas lo más fácil posible, y nosotros nos adaptaremos a la situación lo mejor posible para seguir ganando y salir adelante.
¿Cómo describiría a Calderón?
Miqui es una persona con mucha energía. Es aire fresco, aunque por suerte no es alguien nuevo. No debemos adaptarnos a una manera muy nueva ni diferente de jugar. Cada entrenador tiene su forma de hacer, pero por suerte ya venimos de años anteriores con él. Tiene mucha energía y tiene muchas ganas de hacernos aprender y hacernos jugar, y de sacar esto adelante.
¿Se pudieron despedir de Jordi Vizcaíno?
No. Nosotros nos enteramos el mismo día que todo el mundo; teníamos entrenamiento por la tarde y ya vino Miqui. Pero todas creo que le hemos escrito y hemos tenido noticias suyas. Tenemos muchas ganas de dar la vuelta a la primera vuelta, de hacerlo bastante mejor y tener mejores sensaciones, que no las tuvimos. Con toda la energía y hacia delante.
¿Qué aporta Lamana al equipo?
Como base aporto ritmo y organización. También me gusta mucho defender, y creo que juego a partir de la defensa y contagiar mi energía al equipo.
Ahora suman 7 victorias y 11 derrotas. ¿Cuál era el objetivo en el inicio de temporada y cuál es actualmente?
Obviamente ha cambiado, ahora ya no tenemos posibilidades de clasificarnos para la copa de la Reina. El objetivo sigue siendo mantener categoría, ya partir de ahí todo lo que nos venga será bienvenido. Debemos tener en cuenta que la Penya es un equipo bastante nuevo, que está por segundo año en la máxima categoría, y tenemos que tener los pies en el suelo.
¿Sueña con jugar la copa?
Sí, a todo el mundo le hace ilusión. Arrancamos la temporada con dos victorias contra equipos muy importantes, y lo teníamos allí, pero entramos en una mala racha. Esto es el baloncesto y la Liga Femenina, así que intentaremos mantener categoría, y llegar a play-offs u otros objetivos ya vendrá si está por venir.
¿Contra quién le hace más ilusión jugar?
Contra el Lugo o el Valencia, porque son los dos equipos en los que he jugado, e ir allí es especial. La gente te recibe, te conocen y se acuerdan de ti. Es con lo que me quedo, con la gente que conoces y los años que has estado ahí. Ir tanto a Pazo como al Roig será bonito.
¿Qué siente cuando viaja a Lugo?
Mucha ilusión y nostalgia. Fueron dos años muy bonitos, en los que crecí mucho y conocí a personas que son muy importantes para mi vida. El entrenador ha sido mi segundo entrenador las dos temporadas, Suso. Es gente con la que he crecido y compartido vida, y les tengo un cierto cariño. Tengo muchas ganas de estar con ellos allí un rato y jugar.
En el Lugo se lesionó la rodilla.
Lo recuerdo muy mal. Me lesioné en un entrenamiento sin saberlo. Fue al día siguiente que me hizo mucho daño. En las resonancias que me hicieron no se veía absolutamente nada y seguí jugando. Pasaron unos meses. Fue un juego mental, no sabía si realmente me dolía o si me lo estaba inventando. Fueron cuatro meses de incertidumbre. Luego, la selección española me llevó a un médico de aquí, a Catalunya, muy bueno, y él me dijo que seguramente el menisco externo se había roto, pero en la resonancia no salía porque tenía la rodilla tumbada. Fui a operarme a ciegas, no sabíamos lo que tenía. Me lesioné en abril y me operaron a finales de julio. Fueron cuatro meses duros. Cuando me abrieron, me dijeron que me iba a perder prácticamente toda la temporada.
Antes, la temporada 2021/22, estuvo en el Celta. ¿Cómo se fue de casa?
Había tenido la oportunidad de marchar a Estados Unidos, pero nunca lo había querido porque me daba mucho respeto, he sido una persona muy familiar siempre. Cuando apareció la oportunidad del Celta, tenía muchas ganas, ya me veía preparada. Di el paso de independizarme, de vivir sola, de ver el baloncesto más allá de Cataluña y de lo que había estado acostumbrada siempre, y fue un año de crecimiento personal para mí que le recuerdo con mucho cariño.
Luego fue a parar al Paterna, con doble dinámica con el Valencia.
Me vino esa oportunidad y no pude decir que no. En un principio yo fichaba por el Paterna e iba a entrenar sólo puntualmente con el Valencia. Pero ese año hubo muchas lesiones y me tocó ser parte de la dinámica del primer equipo, más que del Paterna, y fue un sueño hecho realidad. Debuté en la Euroliga, jugué en la máxima categoría, me entrenaba todos los días con mis referentes… Fue un pase. Estoy muy agradecida a Valencia porque tenía 19 años y me dieron la oportunidad de jugar con un equipo muy importante.
¿Quiénes eran sus referentes?
La base Cristina Ouviña era en la que más me fijaba. Leti Romero, Queralt Casas, Alba Torrents… podría mencionarte todo el equipo, era un equipazo. Eran mis ídolos, y me sorprendió mucho llegar allí y ver que ellas eran personas totalmente normales, que te hablan de tú a tú y que están todo el día currando como si no fueran nadie. Para mí eran un ejemplo a seguir.
Ha jugado en Liga Femenina 2, en Liga Challenge y en la máxima categoría. ¿Qué le ha aportado como jugadora pasar por todas estas categorías?
Siempre he intentado ser muy racional conmigo misma y no quería dar el pase a la máxima categoría y jugar 0 minutos. Era muy consciente de ello. Si quería jugar, quería hacerlo en un proyecto en el que pudiera tener minutos. En Liga Challenge con el Celta gané confianza y, más tarde, con la doble dinámica entre Paterna y Valencia pude ver que podía estar un poco al máximo nivel. Todo lo he ido haciendo de manera muy gradual, y cuando me llamó Ensino Lugo quise probarlo porque me dieron confianza. En dos temporadas en este club me asenté en la categoría.
Esta temporada ha vuelto a casa.
Una de las cosas que más valoro es estar cerca de los míos. Como he mencionado antes, soy muy familiar, soy mucho de mis amigos, y poder desconectar del baloncesto un momento e ir con mis padres o mis amigos es algo que, como jugadora, valoro mucho y lo necesito. Me está ayudando mucho estar aquí. He vivido el baloncesto desde pequeña y sé que la Penya es un club histórico. Siento responsabilidad por estar en un club así, y más siendo catalana. Quiero intentar hacerlo lo mejor posible y representar los valores del club lo mejor posible. En cada partido que jugamos hay muchos niños mirándonos, y quiero hacerles ver lo que representa la Penya.
¿Qué relación tiene con la presión?
El primer año en el Celta me costó mucho. No por presiones externas, sino la presión que yo misma me ponía. He sido siempre una persona muy autoexigente con mi vida personal, con los estudios y con todo lo que me rodea. Hubo un momento en que estaba lejos de los míos, fuera de casa, y no supe gestionar cómo me estaba sintiendo. Lo pasé bastante mal, pero con ayuda lo superé.
¿Qué ayuda recibió?
En el Celta fue la primera vez que oí hablar del apoyo psicológico porque allí un psicólogo formaba parte del equipo. Me ayudó mucho. Sobre todo me dio herramientas y hablaba con él casi todos los días, cuando tenía un problema o cuando me sentía bien o mal, fuera como fuese. Con él descubrí la figura del psicólogo, que creo que es muy importante en el deporte.
¿Todos los equipos deberían tener un psicólogo?
Sí, lo pienso de verdad. Antes que jugadoras, somos personas. Si una mentalmente no está bien, es imposible que esté en pista. Creo que es muy importante tener una figura externa que pueda apoyarte.
Laia pequeña se imaginaba llegar a donde ha llegado?
No, nada. Laia pequeña no sabía ni que podía llegar a ser jugadora profesional. De niña no tenía referentes femeninos, no me veía por la tele. Yo veía a Pau Gasol, Juan Carlos Navarro, Ricky Rubio, pero no veía a Alba Torrents o a Cristina Ouviña. A ellas las he ido viendo cuando ya me he hecho mayor. Para mí el baloncesto era un deporte que me encantaba, y lo hacía bien, lo jugaba por las tardes, pero nunca pensé que podría llegar a dedicarme a eso. Ahora se emiten los partidos por muchas cadenas y plataformas y los clubs nos van dando visibilidad. Ahora mismo existen muchos referentes femeninos.
Está estudiando.
Ingeniería informática en la UOC. Cuando jugaba en Sant Adrià empecé presencialmente, pero cuando fiché por el Celta pasé a estudiar en la UOC porque quería seguir estudiando en catalán. Es verdad que en el deporte femenino sólo cobramos durante la temporada, en verano no. Actualmente, sí puedo vivir del baloncesto, pero sólo será así mientras juegue. Todo acaba, la vida del deportista es muy corta. Tengo el plan B.
¿Qué caracteriza a Laia Lamana?
Siempre me han dicho que soy una persona que sonríe. Es mi arma, mi máscara. También siempre me han dicho que si sonríes dices en el cuerpo que estás feliz, y ante todo intento sonreír y poner buena cara. Si tengo un mal día intento sonreír, porque la gente de mi alrededor no debe estar mal si yo lo estoy. La frase que más me define es: “Sonríe siempre.”
Laura Colell
foto: Oriol Durán
lesportiudecatalunya.cat/G.T.