Excelente partido de la pívot (30 puntos, 6 rebotes y 36 de valoración), clave para acabar con la resistencia visitante y guiar al Uni hacia una nueva victoria en la Liga

 

No es casualidad, ni mucho menos suerte, que Mariam Coulibaly consiguiera la pasada temporada ser designada como MVP de la jornada en 12 ocasiones. Iba sobrada de argumentos. Tantos, que convencieron a Uni para llevársela hacia Fontajau. Pocos meses después, si alguien aún duda de que su fichaje fue o no una buena operación, es que le toca dar clases de repaso de todo un poco. El nivel de Coulibaly, cuando se pone, es superlativo. Y con una jugadora así todo es más fácil. Desloriga, resuelve situaciones complicadas y sentencia. Resuelve cualquier situación, por más peluda que sea. Y esta tarde, algo descafeinada en Fontajau, ha sido ella la encargada de llevar la batuta del derbi contra el Cadí (88-64) . Un derbi que, visto el marcador final, parece que puede haber sido coser y cantar para las gerundenses. Pero el baloncesto es mucho más que un marcador o cuatro estadísticas. Y Uni ni mucho menos ha jugado su mejor partido. Sí ha brillado por momentos. Intenso y agresivo en defensa, en algunos compases ahogó al rival. También se ha mostrado contundente desde el triple (ha terminado transformando 14 en total) . Pero otros ratos, ha perdido pistonada. Ha descendido el listón de la exigencia, el ritmo, las revoluciones. Pero ahí, al pie del cañón, siempre ha aparecido Coulibaly. Ella ha liderado (¡y cómo lo ha hecho!) el primer empuje, la puesta en escena. También ha salido al rescate con puntos y (sobre todo) presencia, cuando en el segundo cuarto todo se había atascado exageradamente. O cuando en el tercer período, era necesario reactivarse. Y también ha sido capaz de mantener el tono, que no siempre es fácil, hasta el último aliento. Un factor así es agua caída del cielo para Uni, así como una verdadera pesadilla para el rival de turno. La pívot ha terminado con 30 puntos, 6 rebotes y anotando 3 triples. Han sido 36 créditos de valoración. Palabras mayores.

 

Del total de puntos, más de la mitad (17) los ha firmado sólo en el primer cuarto. Una tarjeta de presentación excelente de la maliense. Porque ha sido imparable en la pintura, pero también excelsa desde la larga distancia. Una amenaza, pusiera donde se pusiera. Jugando así, las primeras ventajas han llegado rápidamente. El 14-5, por ejemplo, que ha obligado a Isaac Fernández a pedir el primer tiempo muerto. Más amplio fue el 31-18 con el que se cerraron los primeros diez minutos, la mayoría de ellos, con Coulibaly en pista. Cuando se ha ido hacia el banquillo, el equipo lo ha notado. Ya no porque haya perdido poder bajo el eslabón, sino porque ha bajado una marcha en todos los aspectos. Le ha costado horrores anotar durante demasiados minutos del segundo acto. Y Cadí, tímidamente, ha replicado. 34-24, Íñiguez que ha llamado a filas y Coulibaly que volvía a escena. Lo ha hecho capturando un rebote, siendo poderosa. Por después, firmar algún punto más. El colectivo de nuevo se ha activado y ha puesto en funcionamiento el engranaje de la defensa. Una defensa que muerde, agresiva, intensa. Sirvió para provocar pérdidas, para que el rival se precipitara en ataque. Y para volver a poner en marcha el contador de puntos. Jocyte y Quevedo han aportado también con triples y Uni se ha vuelto a escapar, maquillando el cuarto y llevando el derbi al descanso con una ventaja bastante cómoda (48-32).

La historia se repetía pasado el paréntesis. Con un rebote poderoso y un baloncesto, Coulibaly ha colocado la máxima ventaja hasta entonces (50-34), antes de que Íñiguez recibiera una técnica para protestar y los árbitros se ganaran la simpatía de la afición con un criterio, al menos, discutible. Cadí ha despertado ya Roberto Íñiguez no le ha gustado nada el parcial de 3-8 que ha colocado el 53-42 que rompía la barrera psicológica de los 10 puntos. La ventaja se reducía, con mucho tiempo por delante. Los tiempos muertos pedido por el técnico ha funcionado. El equipo ha entendido qué hacer para no arrancarlo todo a nodriza. ¿Y Coulibaly? Mantuvo el tono y volvió a ser decisiva. ¿Que el rival se acerca? Pues un 2+1 por ensanchar de nuevo el margen y para iniciar la reacción. Una reacción que ha continuado con un triple desde casa de Guerrero, un baloncesto de Quevedo sobre la bocina y también puntos para Holm y Pendande. Todo, fecha y bendito con el 70-50 del final del tercer acto.

Porque era difícil, por no decir improbable, imaginar una remontada visitante. La flecha del Spar Girona señalaba hacia arriba y en el Cadí hacía rato que las fuerzas, así como la esperanza, habían pasado a mejor vida. Viendo el panorama (y sobre todo pensando en el calendario), Íñiguez ha decidido sentar a Coulibaly, que se ha pasado los últimos 10 minutos en el banquillo. Trabajo hecho para el maliense, imperial y decisivo. Turno para que Berta Ribas y Anna Badosa compartieran minutos en el parqué. No desentonaron, ni mucho menos, y Uni continuó picando piedra, con los triples de Carolina Guerrero (acabó anotando 3) y los puntos de Ainhoa ​​y Pendande. Importante dar descanso hoy a según qué jugadoras; sobre todo, teniendo en cuenta que la rotación era algo más corta porque Marta Canella ha sido baja porque no se ha recuperado de una contusión en la cabeza que sufrió. Con todo, el derbi se ha quedado en Fontajau (88-64). El miércoles, en Turquía y en la Euroliga, la historia será otra.

 

Carlos Rosell
foto David Aparicio
diariodegirona.cat/G.T.